Por qué viajar en compañía

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar , la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
- ¡Ayúdame a mirar!

("El Libro de los abrazos", Eduardo Galeano)

M.

viernes, 25 de septiembre de 2009

VIETNAM_ÚLTIMA ETAPA

Saigón y el Delta del Mekong


Hace tiempo que os debo el relato del Delta del Mekong, pero con tantas distracciones y lo rápido que pasan los días en esta parte del Mundo, me ha sido imposible sentarme y escribir tranquilamente. He aquí la última etapa de nuestro Vietnam:
Nunca me planteé pasar mi cumpleanyos rodeada de orientales, acompanyada de gente que no conozco ni 24 horas (excepto Teres), embadurnada de relec y soplando velas en inglés... LLegamos a Saigon el 14 de septiembre junto con dos estudiantes austriacos y dos canadienses, padre e hijo, que conocimos en el avión. Unas conversaciones de vuelo y un taxi compartido hasta el centro de la gran Ho Chi Minh bastaron para consolidarnos como sexteto temporal. Búsqueda de hotel, comida, paseo por las grandes avenidas estilo soviet y cenita en un jardín-barbacoa. Un trocito de tarta con 9 (?) velas como detallazo de Burt (padre canadiense de 68 anyos, mochilero empedernido y tremendamente divertido. Demostrado: la edad es actitud!) y unas copillas de entrada de anyo nuevo mío culminaron la noche. Extranya combinación de sujetos, tiempos, lugares y hechos...eso sí, inolvidable cumpleanyos!
Descartamos rápidamente una estancia mayor a 24 horas en la ciudad, realmente la capital sur de Vietnam tiene poco atractivo, así que optamos por desaparecer lo antes posible por el delta del Mekong. Cómo hacer la ruta? Había varias posibilidades, lo más normal es contratar un tour organizado en bus o barco, pero nos daba un poco de pereza, así que la casualidad vino en nuestra ayuda. Los austriacos (Richard y Manuel) tenían pensada exactamente la misma ruta que nosotras y nos propusieron recorrer el delta en motocicleta. 2 Motos, 4 mochilas atadas a los asientos y mucha fe en las carreteras vietnamitas fue el resultado.

El día 15 comenzó la gran aventura: Dolor de culo, plovo en la cara, hombros quemados, pero alma alegre. Una parada en Cu-chi para contemplar la tremenda infraestructura subterránea construida por los guerrilleros vietnamitas durante la guerra civil. Túneles que se extienden a lo largo de 200 metros en tres alturas, lógico que los americanos no pudieran hacer nada!
Continuamos durante tres días, pasando por Ben Thre, Can Tho y millones de pueblecitos que se enlazan uno con el otro a lo largo de las carreteras, cruzando puentes enormes y esquivando en lo posible el tráfico pesado. Supongo que había idealizado en mi cabeza el paisaje que me esparaba del delta: muchos arrozales, mucha vegetación tropical y pequenyas aldeas cada equis kilómetros; es justo lo contrario! Debe ser la zona más industrial de Vietnam, no hay ni medio centímetro de carretera que no esté urbanizado, en los ríos se ven cantidades de barcos y casas flotantes y los núcleos urbanos más importantes son bastante feos. Aún así es impresionante y merecedor de ver, por lo menos de lo más auténtico vietnamita. Lo más impactante: Los mercados flotantes al amanecer. No hay palabras para describir la sensación de estar en el meollo de un mercado, con todo el trajineo y pasando entre los puestos sentado en una barquita...

La ruta acabó en Chau Doc, puerto de donde salen los barcos a Camboya, agradecidas de despedirnos de las motos y con mucha ilusión por cambiar de país.
Qué es Vietnam?
Un senyor al que le preguntas por un bar de copas y te acaba convenciendo para que es misma noche reserves una ruta por el río, compres en la tienda de su primo y pases la noche siguiente en un hotel de su amigo...
Un teórico viaje de 8 horas en barco que se convierte en 1 hora y media de autobús, 1hora en barquita, 4 horas en barco, 4 horas en otro barco, 2 horas en autobús y media hora en tuctuc...
Una gran sonrisa...
Y yo personalmente me quedo con las deliciosas pinyas cortadas en hélice!
M.

2 comentarios:

  1. Aayyy... Qué gusto da leeros... Creo que hasta saboreo la piña fresquita cortada en hélices...
    Y unos centímetros al ladito de vuestra piña, un corch plagadito de temas pendientes, trabajos, libros, proyectos, programaciones... Buuuffff!!
    Un ángulo de muy pocos grados, una frontera casi invisible separan mi realidad inabarcable de mi sueño lejano y dudosamente factible(por el momento).
    ¿Se necesita visado o basta con el D.N.I.? No sé, quizá cualquier día me presente de ilegal...

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  2. El alma alegre condimentada con una gran sonrisa, eso es lo importante!.

    B.

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